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Israel vota bajo la sombra de la guerra: las urnas no pueden borrar los derechos palestinos

Israel votará este martes en su primera elección parlamentaria desde los ataques del 7 de octubre de 2023 y las guerras que siguieron. La disputa puede cambiar el gobierno, pero la prueba democrática será también qué ocurre con los civiles, los derechos palestinos y el costo social de una política dominada por la seguridad.

La elección para la 26ª Knéset se realizará el 27 de octubre, según el calendario oficial israelí. Se renovarán los 120 escaños y cualquier gobierno necesitará reunir al menos 61 apoyos, normalmente mediante una coalición. Los sondeos citados por Reuters muestran una competencia estrecha y sin una mayoría asegurada; son encuestas, no resultados.

Benjamín Netanyahu busca continuar en el poder frente a una oposición fragmentada encabezada por figuras como Gadi Eisenkot, Naftali Bennett, Avigdor Lieberman y Yair Golan. La campaña ha estado atravesada por la responsabilidad política por el ataque de 2023, la guerra regional, las exenciones del servicio militar para sectores ultraortodoxos, el costo de vida y el deterioro de la confianza institucional.

Para las trabajadoras y trabajadores israelíes, votar no elimina la presión de años de movilización militar, desplazamientos, pérdida de ingresos y servicios públicos tensionados. La propia autoridad laboral publicó instrucciones especiales sobre derechos y obligaciones en la jornada electoral. La democracia exige que ninguna persona sea obligada a elegir entre sufragar y conservar su remuneración.

Pero la elección también decidirá políticas que afectarán directamente a millones de palestinos que no participan en estos comicios. El informe humanitario de OCHA del 22 de octubre señala que en Gaza la canasta alimentaria subió 20% en promedio y que la ayuda mensual alcanzará a menos de un millón de personas, frente a 2,1 millones que la necesitan. En Cisjordania continúan las restricciones, demoliciones y ataques contra civiles.

PTT Noticias sostiene que la seguridad de la población israelí no puede construirse mediante ocupación, castigo colectivo ni negación de la autodeterminación palestina. Cambiar nombres en el gobierno sería insuficiente si permanecen la guerra permanente y una economía que desvía recursos desde vivienda, salud y educación hacia la escalada militar. Las urnas importan; también importa que sus consecuencias respeten la vida y el derecho internacional.

Fuentes


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