Fin de la jornada laboral 6×1: triunfo de la clase trabajadora en Brasil

Vilma Álvarez Parada
Exdirigente sindical de Supermercados Jumbo
militante de ASI-Chile
Columnista de opinión — PTT Noticias
Columna de opinión. Las interpretaciones y valoraciones expresadas corresponden a su autoría.
Las enormes manifestaciones previas a la segunda vuelta presidencial obligaron al Senado a aprobar la rebaja de la jornada laboral a 40 horas (de 6×1 a 5×2). Meses antes, el proyecto ya había sido aprobado por la Cámara de Diputados.
El candidato Flávio Bolsonaro, quien hoy es senador, no asistió a la votación y señaló públicamente que no estaba en desacuerdo si la medida favorecía a la mayoría de la población. La mayor parte de la derecha y la ultraderecha nunca estuvo a favor del proyecto. Sin embargo, frente a las próximas elecciones, se vieron obligadas a votar a favor. Esto explica la declaración de Flávio Bolsonaro y el giro electoral de la derecha. Lula apoyó tardíamente la propuesta y tampoco había puesto mucho empeño en presionar para lograr la reducción de la jornada laboral.
Con millones de personas en las calles y la ley de reducción de la jornada laboral aún a medio camino, las movilizaciones obligaron a los senadores de derecha y ultraderecha a votar a favor de la medida.
El proyecto original, presentado por diputados del PSOL, proponía pasar de una jornada 6×1 a una 4×3. Sin embargo, la reducción aprobada constituye una conquista histórica: sin las enormes protestas y movilizaciones, no se habría logrado.
Es una conquista alcanzada en un tenso ambiente electoral y cuya continuidad quedará sujeta a quién gane las próximas elecciones y a las presiones que enfrente el futuro gobierno. La alta votación que obtuvo la derecha y la ultraderecha en la primera vuelta para el Congreso, junto con la posibilidad de una victoria de Flávio Bolsonaro, representa una amenaza para esa conquista.
La juventud y la clase trabajadora en general, gane quien gane —ya sea Lula o Bolsonaro—, deberán mantenerse atentas para defender lo ganado en las calles, tal como se conquistó el derecho a la reducción de la jornada laboral.
Las lecciones para Chile
En Chile, la reducción de la jornada laboral de 46 a 40 horas, propuesta por parlamentarios comunistas y la CUT, contemplaba, en principio, solo la reducción de horas. Lamentablemente, nunca se convocó a la movilización en las calles para conquistar este derecho. La aprobación en el Parlamento fue producto del «diálogo social» entre la CUT, los empresarios y el gobierno de Boric: un diálogo entre cuatro paredes.
El resultado fue una reducción gradual, por la cual recién en 2028 se alcanzarán las 40 horas semanales. Junto con esta gradualidad, la ley estableció mecanismos de flexibilización laboral muy amplios, de los que se habló poco. Los medios de comunicación publicitaron principalmente la gran hazaña atribuida a la ministra del Trabajo del gobierno de Boric, Jeannette Jara, quien la destacó durante su campaña presidencial, sin obtener resultados favorables. Hoy, el propio Kast se aferra a un resquicio legal para intentar terminar con la reducción gradual a 40 horas.
En conclusión, la clase obrera no puede ser sustituida por acuerdos y diálogos entre la burocracia sindical, los patrones y el gobierno de turno, porque el resultado termina favoreciendo al empleador. Para terminar con este tipo de acuerdos, es necesario construir un sindicalismo independiente de los gobiernos de turno, los empresarios y los partidos tradicionales.
¡Sin lucha no hay ganancia!
¡A organizar la huelga general para derrotar la contrarreforma de Kast!
