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A siete años del estallido social: CONAT llama a la unidad de los trabajadores y las organizaciones populares de Chile

En una importante declaración pública con motivo del séptimo aniversario del estallido social del 18 de octubre de 2019, la Coordinadora Nacional de Trabajadores (CONAT) reivindica las demandas de justicia social que movilizaron al pueblo chileno y realiza una profunda autocrítica sobre la falta de unidad y conducción de las organizaciones populares.

La organización hace un llamado a los sindicatos, federaciones, movimientos sociales y organizaciones territoriales de todo Chile a construir una coordinación nacional independiente, democrática y unitaria. En ese camino, CONAT se encuentra preparando la convocatoria a un encuentro nacional para enero de 2027, destinado a avanzar en una plataforma común de reivindicaciones y organización popular.

A continuación, reproducimos la declaración de CONAT.


DECLARACIÓN PÚBLICA DE CONAT

A SIETE AÑOS DEL ESTALLIDO SOCIAL: LA DIGNIDAD SIGUE PENDIENTE, LA UNIDAD POPULAR ES UNA NECESIDAD HISTÓRICA

18 de octubre de 2026 — Chile

A siete años del 18 de octubre de 2019, la Coordinadora Nacional de Trabajadores (CONAT) saluda y reconoce a las trabajadoras, trabajadores, estudiantes, pobladores, pensionados y a los millones de chilenos y chilenas que, desde distintos rincones del país, levantaron su voz contra décadas de injusticia, desigualdad y abusos.

El estallido social no nació de la casualidad, ni fue simplemente una reacción al aumento de treinta pesos en el transporte público. Fue la expresión de un profundo malestar acumulado durante décadas bajo un modelo económico y social que convirtió derechos fundamentales en negocios y subordinó la dignidad humana a los intereses del mercado.

No fueron treinta pesos. Fueron treinta años de abusos, desigualdad y promesas incumplidas.

I. LAS CAUSAS DEL ESTALLIDO SIGUEN PRESENTES

Millones de personas salieron a las calles porque estaban cansadas de sobrevivir en un país que les exigía trabajar toda una vida sin garantizarles una vejez digna.

Salieron a protestar contra el sistema de AFP, que durante décadas administró los ahorros previsionales de los trabajadores mientras miles de pensionados recibían jubilaciones insuficientes para satisfacer sus necesidades básicas.

Se movilizaron contra un sistema de salud profundamente desigual, donde la capacidad económica determina muchas veces la oportunidad y calidad de la atención, mientras las familias enfrentan listas de espera, endeudamiento y sufrimiento.

También estuvieron presentes las luchas históricas de generaciones de estudiantes que exigieron educación pública, gratuita y de calidad, denunciando un sistema que transformó el derecho a estudiar en una fuente de endeudamiento familiar.

El pueblo levantó su voz contra los bajos salarios, la precariedad laboral, los abusos empresariales, la concentración de la riqueza, las desigualdades territoriales y las pensiones de miseria.

Se expresó también el rechazo a la corrupción, a los privilegios de las élites políticas y económicas, a la impunidad frente a los abusos de poder y a la distancia creciente entre las instituciones y las necesidades reales de la ciudadanía.

La indignación se profundizó ante la represión policial, las graves violaciones de derechos humanos, las lesiones oculares y los abusos cometidos durante las movilizaciones.

El pueblo no salió a las calles para destruir Chile. Salió porque aspiraba a construir un Chile mejor: más justo, democrático, digno y soberano.

II. LA DEUDA CON LAS VÍCTIMAS Y LA MEMORIA POPULAR

CONAT reafirma que ninguna reflexión sobre octubre de 2019 puede desconocer el sufrimiento de quienes fueron víctimas de violaciones de derechos humanos.

Las personas que perdieron la visión, quienes sufrieron lesiones permanentes, las víctimas de violencia institucional y sus familias merecen verdad, justicia, reparación y garantías efectivas de no repetición.

La defensa de los derechos humanos no puede depender del gobierno de turno ni de la posición política de quienes fueron afectados.

Asimismo, reivindicamos el derecho legítimo de los pueblos a manifestarse pacíficamente, organizarse y exigir transformaciones sociales.

La memoria del 18 de octubre debe preservarse con responsabilidad histórica, sin ocultar sus contradicciones ni permitir que sus demandas fundamentales sean borradas.

III. NUESTRA AUTOCRÍTICA: LA AUSENCIA DE UNA CONDUCCIÓN UNITARIA

Como Coordinadora Nacional de Trabajadores, consideramos indispensable realizar una autocrítica profunda y honesta respecto del papel desempeñado por las organizaciones sindicales, sociales y populares.

El estallido social demostró una enorme capacidad de movilización, pero también dejó en evidencia nuestras debilidades organizativas y políticas.

No fuimos capaces de construir oportunamente un gran acuerdo nacional de unidad social y popular, que reuniera a las organizaciones de trabajadores, estudiantes, pobladores, pensionados y movimientos territoriales alrededor de un programa común de transformaciones.

La movilización tuvo una fuerza extraordinaria, pero careció de una conducción colectiva suficientemente articulada, democrática y reconocida por los distintos sectores movilizados.

Esa debilidad permitió que las demandas del pueblo fueran progresivamente canalizadas hacia acuerdos institucionales definidos principalmente por los partidos políticos tradicionales.

El Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, suscrito el 15 de noviembre de 2019, abrió una salida institucional a la crisis. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, también contribuyó a desplazar el centro de gravedad de la movilización desde las calles hacia un proceso político cuyas reglas fundamentales no fueron determinadas directamente por las organizaciones populares.

Reconocemos que amplios sectores del pueblo depositaron esperanzas legítimas en la posibilidad de conquistar una nueva Constitución. No cuestionamos esa aspiración democrática.

Nuestra crítica se dirige a la incapacidad de las fuerzas sociales para mantener una organización autónoma, un programa propio y una capacidad sostenida de movilización que permitieran acompañar y exigir transformaciones más allá del proceso constituyente.

La institucionalidad logró recuperar progresivamente la iniciativa política, mientras las organizaciones populares no conseguimos consolidar una alternativa unitaria de conducción social.

La fuerza de millones en las calles no logró transformarse en una fuerza organizada y permanente capaz de disputar el rumbo del país.

IV. EL DESORDEN Y LA PÉRDIDA DEL HORIZONTE REIVINDICATIVO

También debemos reconocer que la ausencia de coordinación y conducción produjo graves dificultades para sostener una movilización con objetivos claros.

En numerosos momentos, las manifestaciones se desarrollaron de manera espontánea, dispersa y sin mecanismos colectivos capaces de establecer prioridades, definir estrategias y evaluar los avances de la lucha.

La espontaneidad permitió una participación masiva y transversal, pero por sí sola no garantizó continuidad, organización ni resultados.

Con el transcurso del tiempo, algunas expresiones de protesta fueron perdiendo su carácter reivindicativo original. Hubo situaciones de violencia, destrucción y acciones desconectadas de las demandas sociales que habían dado origen al levantamiento.

Reconocerlo no significa justificar la represión ni criminalizar la protesta social. Significa comprender que una movilización popular necesita organización, responsabilidad colectiva, objetivos políticos y sociales definidos y un compromiso inequívoco con la protección de las personas.

La falta de una estrategia común, el desgaste de las movilizaciones y las divisiones entre organizaciones contribuyeron al debilitamiento progresivo del movimiento.

No basta con llenar las calles si no somos capaces de construir los instrumentos democráticos que permitan transformar esa fuerza en conquistas concretas.

V. NUNCA MÁS UN PUEBLO MOVILIZADO SIN ORGANIZACIÓN Y CONDUCCIÓN PROPIA

La principal enseñanza del 18 de octubre es que las transformaciones sociales profundas no pueden depender únicamente de la indignación espontánea.

Las organizaciones populares tenemos la responsabilidad histórica de prepararnos, fortalecer nuestras estructuras y construir acuerdos antes de que las crisis sociales alcancen niveles de ruptura.

No podemos esperar un nuevo estallido para comenzar a organizarnos.

Necesitamos sindicatos fuertes, federaciones, confederaciones, organizaciones estudiantiles, juntas de vecinos, movimientos de pobladores y organizaciones territoriales capaces de actuar coordinadamente.

Debemos levantar un programa nacional de demandas que coloque en el centro:

  • Pensiones dignas y seguridad social efectiva.
  • Salud pública universal, oportuna y de calidad.
  • Educación como derecho social y no como privilegio.
  • Salarios justos, estabilidad laboral y pleno respeto a los derechos sindicales.
  • Vivienda digna y acceso equitativo a los servicios básicos.
  • Combate efectivo a la corrupción y a los abusos del poder económico y político.
  • Verdad, justicia, reparación y respeto irrestricto a los derechos humanos.
  • Recuperación de la soberanía nacional sobre nuestras decisiones económicas, políticas y sociales.

Esta unidad debe construirse desde las bases, mediante mecanismos democráticos, con participación efectiva de las organizaciones y respetando su autonomía.

No buscamos reemplazar la voluntad popular por una nueva élite dirigente. Buscamos que sean las propias organizaciones sociales y de trabajadores quienes definan colectivamente sus objetivos y sus formas legítimas de lucha.

VI. LA UNIDAD DE LOS TRABAJADORES Y DEL PUEBLO ES EL CAMINO

CONAT sostiene que las fuerzas populares no pueden volver a quedar subordinadas a acuerdos políticos que desconozcan sus demandas fundamentales.

La independencia de las organizaciones sindicales y sociales es una condición indispensable para defender los intereses de las mayorías.

Debemos aprender a distinguir entre los acuerdos que permiten conquistar derechos y aquellos que solamente administran el descontento sin modificar las estructuras que generan desigualdad.

La unidad que proponemos no exige uniformidad ideológica ni obediencia ciega. Exige compromisos comunes, respeto mutuo, organización democrática y voluntad de construir una alternativa social.

Frente a futuras crisis, las fuerzas populares deben contar con capacidad de iniciativa, coordinación y representación propia, evitando que sectores contrarios a los intereses de los trabajadores instrumentalicen legítimas demandas ciudadanas.

Nuestra tarea no es promover el caos ni esperar nuevas explosiones sociales. Nuestra responsabilidad es construir desde hoy las condiciones para que las demandas populares encuentren cauces organizados, democráticos y eficaces de transformación.

VII. OCTUBRE NO HA TERMINADO: SUS DEMANDAS SIGUEN VIVAS

A siete años del estallido social, las razones profundas que llevaron a millones de personas a manifestarse no han desaparecido.

Chile sigue enfrentando enormes desafíos en materia de desigualdad, pensiones, salud, educación, trabajo y distribución de la riqueza.

Por eso, nuestra reflexión no puede limitarse a recordar lo ocurrido.

Debemos transformar la memoria en organización, la indignación en conciencia colectiva y las demandas en un programa de acción.

CONAT hace un llamado a las organizaciones sindicales, sociales, estudiantiles, territoriales y populares a abrir un proceso de diálogo y articulación nacional que permita construir una plataforma común de reivindicaciones y una coordinación permanente.

Que la experiencia de octubre de 2019 no sea solamente recordada como una demostración histórica de indignación popular, sino también como una enseñanza sobre la necesidad de unidad, organización y conducción democrática.

Porque un pueblo que lucha merece conquistar sus derechos.

Porque la dignidad no puede seguir esperando.

Porque Chile necesita justicia social, democracia real y soberanía.

¡POR LA UNIDAD DE LAS TRABAJADORAS, LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO!

¡POR UN CHILE JUSTO, DIGNO Y SOBERANO!

¡LA DIGNIDAD SE CONQUISTA CON UNIDAD Y ORGANIZACIÓN!

COORDINADORA NACIONAL DE TRABAJADORES — CONAT

Chile, 18 de octubre de 2026

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