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Putin y Trump: el negocio de las élites y las caretas que caen

Columna de opinión

Por Alejandro Herrera Díaz, presidente del sindicato SINTUD y columnista político de PTT Noticias.

Hay quienes confunden el enfrentamiento de Vladímir Putin con Occidente con una defensa de los pueblos y los trabajadores. A mi juicio, esa identificación oculta lo esencial: el gobierno ruso representa un poder capitalista, conservador y autoritario, cuyo proyecto internacional debe juzgarse por los intereses que protege, no por los enemigos que declara.

El acuerdo energético anunciado el 9 de octubre ofrece un ejemplo. Donald Trump informó que Rusia suministraría más de 300.000 toneladas de diésel de inmediato, otras 500.000 en noviembre y un millón posteriormente. Associated Press confirmó el anuncio; Reuters informó que Washington flexibilizaría restricciones para facilitar el suministro.

Conviene precisar: se trata de diésel, un combustible refinado, y el anuncio no equivale a entregas ya completadas. Pero la señal política es clara: cuando aparece un negocio conveniente, los discursos de confrontación encuentran rápidamente una puerta de salida.

Las tensiones por la expansión de la OTAN y las preocupaciones de seguridad rusas deben examinarse seriamente. Sin embargo, reconocer ese contexto no justifica la invasión de Ucrania ni convierte al Kremlin en una fuerza emancipadora. Desde mi perspectiva, esta disputa también expresa una competencia entre potencias por influencia, mercados y recursos. Los trabajadores ucranianos y rusos pagan sus consecuencias sin decidir los acuerdos que se negocian sobre sus vidas.

Mi crítica apunta al poder de la oligarquía rusa y a los intereses de los grandes negocios energéticos. Presentar sus ingresos como una victoria popular exige responder una pregunta: ¿quién recibe los beneficios y quién soporta los costos? Vender combustible a Washington no demuestra solidaridad con los pueblos que sufren sus intervenciones.

En relación con Irán, considero que el suministro ruso puede amortiguar parte de la presión económica que la crisis energética ejerce sobre Estados Unidos. En ese sentido, interpreto el pacto como una deslealtad política hacia Teherán: Moscú contribuye a aliviar un problema de Trump mientras mantiene relaciones con Irán.

Eso no significa que Washington quede libre de costos ni que desaparezca la capacidad iraní de presión. Reuters recoge dudas de especialistas sobre una reducción sostenida de los precios. El efecto real dependerá de los volúmenes entregados y de la evolución del conflicto.

Tampoco existe garantía de que esta conveniencia comercial se convierta en una alianza duradera. La oligarquía rusa haría mal en confundir un comprador circunstancial con un socio confiable.

Para quienes defendemos a los trabajadores, la independencia política es indispensable. No debemos entregar nuestra confianza a una potencia solo porque rivaliza con otra. Mientras las cúpulas negocian, las familias enfrentan alimentos más caros, incertidumbre y guerra. Tarde o temprano, las caretas comienzan a caer.

Fuentes y antecedentes

Las valoraciones políticas corresponden al autor; los posibles efectos sobre Irán se presentan como interpretación, no como resultados demostrados.

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