Brasil enciende una alerta para el progresismo: la izquierda se juega su capacidad de frenar a la derecha
El avance de Flávio Bolsonaro frente a Lula da Silva abre una señal de preocupación para las fuerzas progresistas latinoamericanas. Brasil se encamina a una segunda vuelta donde no estará en juego solamente la presidencia del gigante sudamericano, sino también la capacidad de la izquierda de recuperar iniciativa, convocar mayorías y responder concretamente a las demandas populares.
Brasil cerró este domingo 4 de octubre una jornada electoral marcada por una fuerte polarización. Con el 97,65% de las urnas contabilizadas, el candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, alcanzaba el 47,39% de los votos válidos, mientras el actual presidente y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, obtenía un 44,74%.
Ninguno alcanza la mayoría absoluta necesaria para imponerse en primera vuelta, por lo que ambos deberán enfrentarse nuevamente el próximo 25 de octubre.
El resultado preliminar constituye una señal que difícilmente puede ser ignorada por las fuerzas progresistas y de izquierda de América Latina. Brasil no es solamente el país más poblado y la mayor economía de la región: su orientación política tiene repercusiones en todo el continente.
Pero el resultado también obliga a mirar más allá de Brasil.
Durante años, amplios sectores progresistas latinoamericanos han sostenido que el principal desafío político consiste en impedir el retorno o avance de la derecha. Sin embargo, las elecciones brasileñas vuelven a instalar una pregunta más profunda: ¿basta con llamar a votar contra la derecha o es necesario construir una alternativa capaz de entusiasmar nuevamente a trabajadores, jóvenes y sectores populares?
La experiencia brasileña demuestra que gobernar no garantiza automáticamente mantener el respaldo popular. Las fuerzas de izquierda necesitan mostrar resultados concretos, escuchar el malestar social, recuperar presencia territorial y, sobre todo, volver a organizar y movilizar a quienes históricamente han constituido su base social.
La derecha brasileña demostró nuevamente una importante capacidad electoral. El bolsonarismo, lejos de desaparecer después de la salida de Jair Bolsonaro del gobierno, logró reorganizarse políticamente alrededor de su hijo Flávio y disputar seriamente el Palacio de Planalto.
Frente a ese escenario, la segunda vuelta será mucho más que una competencia entre dos candidatos.
Para Lula y el Partido de los Trabajadores significará la necesidad de ampliar su convocatoria, sumar a quienes apoyaron otras candidaturas y recuperar sectores que no concurrieron a votar por la izquierda en primera vuelta.
Y para el progresismo latinoamericano, Brasil deja una advertencia: la derecha no se derrota solamente denunciándola. Se la derrota construyendo organización social, ofreciendo respuestas concretas y demostrando que un proyecto transformador puede mejorar efectivamente la vida de las mayorías.
El próximo 25 de octubre, Brasil tendrá la palabra definitiva.
Pero desde esta noche, la discusión ya comenzó en toda América Latina.
PTT Noticias — El Portal de los Trabajadores
Fuentes: Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE), RT, Reuters y medios brasileños
