Política

Kast pierde respaldo: cuando el relato choca con la realidad

Por Alejandro Herrera Díaz
Dirigente sindical y columnista político de PTT Noticias
27 de septiembre de 2026

Apenas seis meses después de asumir la Presidencia de la República, José Antonio Kast enfrenta un deterioro significativo de su respaldo ciudadano. Parece que gobernar resultó bastante más complicado que hacer campaña, algo que, por cierto, suele ocurrir cuando las consignas deben abandonar los escenarios y comenzar a convivir con la realidad.

Las encuestas muestran una distancia creciente entre las expectativas con que comenzó su administración y la evaluación que hoy realiza una parte importante de la ciudadanía.

Criteria registró el 20 de septiembre un 29% de aprobación y un 59% de desaprobación. Cadem, en su medición de la cuarta semana del mes, situó la aprobación en 36% y la desaprobación en 59%. En esa misma encuesta, un 58% declaró estar en desacuerdo con la afirmación de que el Gobierno está “ordenando la casa”.

Curiosa manera de ordenar: mientras el Gobierno acomoda los muebles, una parte creciente de los habitantes parece preguntarse quién decidió cambiarles la casa completa.

Al comparar encuestas equivalentes desde el comienzo del Gobierno, la tendencia general resulta difícil de disimular: Kast ha perdido una parte considerable del respaldo que tenía al iniciar su mandato.

Del entusiasmo inicial al desencanto

Desde la perspectiva del Partido de las Trabajadoras y los Trabajadores, esta caída no puede explicarse solamente como un problema comunicacional. A estas alturas sería demasiado cómodo culpar al mensajero cada vez que el mensaje no gusta.

Lo que aparece es una contradicción entre las expectativas creadas durante la campaña y las consecuencias que amplios sectores de la población perciben en las políticas aplicadas.

El estudio de Cadem sobre los primeros seis meses entrega una señal importante: un 62% afirmó que el Gobierno había sido peor de lo que esperaba, mientras solamente un 8% respondió que había sido mejor. En esa medición, el 54% atribuyó la situación económica actual a la gestión del Gobierno, frente al 39% que responsabilizó a las decisiones de la administración anterior.

Parece que la conocida costumbre política de explicar todos los problemas mirando por el espejo retrovisor comienza a encontrar sus límites.

Ajustar las cuentas… ¿pero las cuentas de quién?

La política de reducción del gasto público y ordenamiento fiscal es considerada un logro del Gobierno por algunos ciudadanos. Desde nuestra perspectiva, sin embargo, la pregunta fundamental es mucho más sencilla:

¿Quién paga el ajuste?

Porque hablar de disciplina fiscal desde un escritorio siempre resulta elegante. La palabra “ajuste” incluso suena técnica, ordenada, casi quirúrgica. El problema comienza cuando esa cirugía llega a los derechos sociales, al empleo público, a los servicios del Estado y finalmente al bolsillo de quienes viven de su salario.

Para el PTT, ordenar las cuentas públicas no puede significar debilitar derechos sociales ni utilizar la austeridad como argumento permanente para trasladar el costo hacia los trabajadores.

Las cifras de percepción económica muestran además un escenario complejo: Cadem registró a comienzos de septiembre que un 82% evaluaba negativamente la situación económica de los consumidores para adquirir bienes y servicios; 52% señalaba que su presupuesto alcanzaba justo para terminar el mes y 36% decía directamente que no le alcanzaba.

Pero seguramente todo debe marchar estupendamente en alguna planilla Excel.

El problema es que los trabajadores no comen planillas Excel.

Ese es el Chile cotidiano que ningún relato político puede esconder indefinidamente.

Inmigración: cuando las promesas descubren que eran metáforas

La inmigración fue uno de los pilares de la campaña presidencial de Kast. Su compromiso de sacar del país a unos 300 mil inmigrantes irregulares se convirtió en una de sus promesas más reconocibles.

Pero gobernar tiene una desagradable característica para quienes prometen soluciones espectaculares: eventualmente llega el momento de cumplirlas.

En mayo, el propio Presidente tuvo que explicar que aquella formulación debía entenderse como una “hipérbole”, después de haber hablado previamente de una “metáfora”.

Resulta una explicación bastante conveniente.

Durante las campañas tenemos promesas.

Después de las elecciones descubrimos que algunas eran recursos literarios.

Desde nuestra perspectiva, una política construida sobre una promesa electoral que posteriormente no puede materializarse en los términos ofrecidos constituye un fracaso político respecto de aquello que se prometió.

Esto no significa desconocer que el Gobierno ha realizado expulsiones ni que ha adoptado medidas fronterizas. Significa simplemente comparar el resultado con la expectativa que el propio Gobierno creó.

Y las promesas electorales deberían tener una vida útil un poco más larga que la papeleta de votación.

Naciones Unidas: Chile está de vuelta… según Kast

La primera intervención del Presidente Kast ante la Asamblea General de Naciones Unidas también dejó controversias.

Kast aseguró que “Chile está de vuelta”, defendió las políticas de su administración y sostuvo que el país era más seguro, competitivo y menos burocrático. Al mismo tiempo, cuestionó duramente el funcionamiento de Naciones Unidas y propuso reducir su burocracia, suspender agendas consideradas no prioritarias y reformar el Consejo de Seguridad.

El discurso recibió evaluaciones contrapuestas. Sectores oficialistas destacaron su diagnóstico y su llamado a modernizar Naciones Unidas, mientras representantes opositores cuestionaron el tono, las cifras utilizadas y la imagen del país presentada por el mandatario.

Desde nuestra perspectiva, su desempeño dejó bastante que desear.

Porque existe algo extraño en viajar miles de kilómetros para anunciar que Chile está de vuelta mientras, dentro de Chile, una parte creciente de los ciudadanos parece preguntarse hacia dónde exactamente estamos volviendo.

Las encuestas, además, obligan a introducir una precisión: Cadem registró que un 51% evaluó bien la gira presidencial a Naciones Unidas y un 40% la evaluó mal. Por lo tanto, no existió una evaluación ciudadana uniformemente negativa de su participación.

Pero una gira internacional bien evaluada por una parte de los encuestados no elimina la contradicción fundamental.

Mientras el Presidente presentó ante el mundo la imagen de un Chile que estaría recuperando prosperidad y seguridad, dentro del país las encuestas mostraban fuertes niveles de preocupación económica y una desaprobación presidencial cercana al 60%.

Quizás el problema no sea que Chile esté de vuelta.

Quizás falta aclarar de vuelta a dónde.

Escudo de las Américas: combatir el crimen sin entregar la brújula

Durante la misma gira, Chile formalizó su adhesión al denominado Escudo de las Américas, una iniciativa de coordinación entre gobiernos americanos destinada a enfrentar el crimen organizado transnacional.

Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, el mecanismo permitirá compartir información, mejorar sistemas de análisis de datos, capacitar fuerzas policiales y fortalecer la coordinación fronteriza.

Combatir el narcotráfico, el tráfico de armas y el crimen organizado requiere cooperación internacional. Eso está fuera de discusión.

Lo que no debería estar fuera de discusión es en qué condiciones coopera Chile, qué compromisos adquiere y cuánto margen de autonomía conserva nuestra política exterior.

Porque una cosa es cooperar.

Otra muy distinta es confundir cooperación con alineamiento automático.

La incorporación al Escudo de las Américas generó cuestionamientos sobre las implicancias internacionales de la decisión y el grado de acercamiento de Chile a la estrategia estadounidense.

Las encuestas muestran, además, una ciudadanía dividida: Cadem registra un 45% de acuerdo y un 43% en desacuerdo con la incorporación de Chile. Un 37% considera que el mecanismo será muy útil contra el crimen organizado, mientras un 39% estima que será poco o nada útil.

Desde el PTT sostenemos que Chile debe cooperar internacionalmente, pero siempre preservando una política exterior soberana.

Después de todo, para tener política exterior propia existe un requisito bastante elemental:

tener política exterior propia.

Cuando el relato comienza a encontrarse con la realidad

La caída en las encuestas de José Antonio Kast no demuestra por sí sola cuál es la causa exacta del deterioro. Sería intelectualmente poco serio atribuir cada punto perdido a una determinada medida.

Pero los números muestran algo políticamente relevante.

Seis meses después de asumir, la administración enfrenta una ciudadanía considerablemente más crítica que al comienzo.

Y resulta cada vez más difícil explicar ese desgaste diciendo simplemente que todavía se está “ordenando la casa”.

Porque llega un momento en que los habitantes de la casa comienzan a mirar la cuenta.

Desde la perspectiva del Partido de las Trabajadoras y los Trabajadores, detrás de este deterioro existe una discusión mucho más profunda sobre el modelo de sociedad que Chile necesita.

Creemos que el equilibrio fiscal es necesario, pero no puede construirse sacrificando derechos sociales.

Creemos que controlar las fronteras es responsabilidad del Estado, pero las políticas migratorias deben ser eficaces, realistas y respetuosas de la dignidad humana.

Creemos que combatir el crimen organizado requiere cooperación internacional, pero no renunciar a nuestra soberanía.

Y creemos que el crecimiento económico pierde sentido social cuando sus beneficios no llegan a quienes producen la riqueza.

Chile necesita desarrollo, inversión y crecimiento.

Pero necesita también salarios dignos, estabilidad laboral, servicios públicos fuertes, seguridad social y una distribución más justa de la riqueza producida por millones de trabajadores y trabajadoras.

Las encuestas son fotografías de un momento y pueden cambiar.

Pero cuando una administración comienza a perder una parte importante de su respaldo apenas seis meses después de asumir, corresponde preguntarse qué existe detrás de los números.

Tal vez las metáforas dejaron de funcionar.

Tal vez las hipérboles ya no alcanzan.

Tal vez las planillas Excel no consiguen llegar a fin de mes.

O tal vez está ocurriendo algo mucho más sencillo:

la realidad comenzó a gobernar al relato.

Y cuando eso sucede, ninguna campaña comunicacional puede decretar lo contrario.

Para nosotros, la discusión finalmente no se reduce a José Antonio Kast.

La pregunta verdaderamente importante continúa siendo la misma:

¿quién paga el costo de las políticas económicas y para quién se gobierna Chile?

Los trabajadores y trabajadoras tenemos mucho que decir al respecto.

PTT Noticias — El Portal de los Trabajadores

Spread the love

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *