PolíticaSindical

Machismo en el Congreso: mucha defensa de la familia, pero poco respeto por las mujeres

Los ataques contra Michelle Bachelet y Evelyn Matthei exponen una contradicción en el debate político chileno: mientras se invocan el respeto, la tradición y los valores familiares, se recurre a estereotipos sobre la edad y las tareas domésticas para desacreditar a mujeres en la vida pública.

Parece que en pleno siglo XXI todavía hay quienes confunden la discusión parlamentaria con una conversación sobre qué lugar deben ocupar las mujeres. Y cuando los argumentos políticos escasean, aparece el viejo recurso de mandarlas a la cocina.

La controversia se intensificó con las declaraciones del diputado Javier Olivares, del Partido de la Gente, quien sugirió que Michelle Bachelet se alejara de la política y se dedicara a sus nietos y a cocinar. Evelyn Matthei respondió que las mujeres deben ser juzgadas por sus capacidades, ideas y gestión, no por estereotipos.

La contradicción del conservadurismo

La ironía es evidente: se habla de respeto a la familia y a las mujeres, pero las tareas familiares se convierten en un argumento para apartarlas del debate público. Cocinar, criar hijos o cuidar nietos son labores dignas y fundamentales. Lo cuestionable es utilizarlas como una obligación exclusiva de las mujeres o como una herramienta para descalificarlas.

Las creencias religiosas y las posiciones conservadoras tienen cabida en una sociedad pluralista. Eso no impide examinar críticamente los discursos que reproducen estereotipos de género o pretenden convertir una visión particular de la familia en un límite para la participación de las mujeres.

La ministra responde y el diputado insiste

La ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Judith Marín, advirtió el 11 de octubre que descalificar a las mujeres en política aumenta las barreras para su participación. Olivares rechazó disculparse y cuestionó la existencia del Ministerio de la Mujer.

Resulta paradójico que una controversia por expresiones discriminatorias termine acompañada de cuestionamientos a la institución encargada de promover la igualdad de género. La respuesta de la ministra, vinculada al Partido Social Cristiano, demuestra además que el rechazo a estas expresiones no tiene por qué reducirse a una disputa automática entre izquierda y derecha.

La dignidad no depende del partido político

Michelle Bachelet y Evelyn Matthei tienen ideas, trayectorias y responsabilidades públicas diferentes. Sus decisiones pueden y deben ser cuestionadas con rigor. Pero criticar una política pública no es lo mismo que utilizar la edad, la vida familiar o prejuicios de género para invalidar la voz de una mujer.

El problema tampoco termina en dos figuras conocidas. Cuando una autoridad presenta la vida doméstica como el lugar que le corresponde a una mujer, el mensaje alcanza también a trabajadoras, dirigentas sindicales, estudiantes y jóvenes que buscan participar en las decisiones de sus comunidades.

Parlamentarios socialistas anunciaron un requerimiento ante la Comisión de Ética de la Cámara por los dichos de Olivares. Ese anuncio no equivale a una sanción: cualquier eventual responsabilidad deberá determinarse mediante los procedimientos correspondientes.

Una democracia comprometida con los derechos fundamentales necesita reglas de respeto para todas las personas, hombres y mujeres. La igualdad de género no exige compartir ideas políticas: exige que nadie sea descalificado por su sexo, edad o responsabilidades familiares.

Porque la dignidad de una mujer no termina donde comienza la discrepancia política. Y una democracia que aspira a representar a toda la sociedad no debería permitir que los prejuicios sustituyan a los argumentos.

PTT Noticias — El Portal de los Trabajadores

Fuentes

Spread the love

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *