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Combustibles caros y economía débil: el costo de la improvisación lo pagan los trabajadores

Las nuevas alzas de gasolina, diésel y parafina confirman que el manejo del MEPCO ha trasladado incertidumbre y costos a los hogares, mientras la economía y el empleo siguen debilitados.

El informe de ENAP del 30 de septiembre estimó aumentos de $39,4 por litro para las gasolinas de 93 y 97 octanos, $95 para el diésel y $281,8 para el kerosene. La empresa estatal precisa que no fija el precio final al consumidor, pero sus cálculos incorporan las reglas del MEPCO y del Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo.

El problema no es solo una variación semanal. Durante 2026, el Gobierno ha modificado repetidamente la forma en que el mecanismo amortigua los precios internacionales. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha defendido esta estrategia por el ahorro fiscal que produciría frente a una estabilización más amplia. Sin embargo, esa defensa omite quién soporta el ajuste: trabajadores que deben movilizarse, familias que todavía usan parafina y pequeñas actividades productivas dependientes del transporte.

Los datos oficiales muestran que el costo no queda limitado al surtidor. El Banco Central señaló en su IPoM de septiembre que el alza de los combustibles ha golpeado el ingreso de hogares y empresas, debilitado las expectativas y contribuido a una inflación cercana al 4%. También redujo su proyección de crecimiento para 2026 a un rango de 0,25% a 0,75% y constató deterioro del mercado laboral.

Desde una perspectiva de las trabajadoras y trabajadores, el balance es claro: una política guiada principalmente por el ahorro fiscal y la lógica de mercado termina socializando el costo de la crisis, mientras no toca las ganancias de grandes empresas ni establece apoyos suficientemente previsibles para los sectores populares.

Chile necesita una política energética estable y transparente, con protección focalizada para hogares de menores ingresos, transporte público y pequeñas unidades productivas. El bienestar de quienes viven de su trabajo no puede depender de cambios improvisados ni de que el mercado decida cuánto dolor puede absorber cada familia.

Fuentes

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